Autumn Castle

Autumn Castle

viernes, 1 de agosto de 2008

Papel y tinta

Son sólo diecinueve folios impresos en negro, con letra grande y largas líneas. Leerlo me lleva un cuarto de hora, quizás menos. Hace tiempo que lo tengo pendiente de lectura, pero no lo había empezado hasta hoy. No ha sido un buen día, y no puedo evitar pensar que los siguientes no serán mejores. Puede que sea la lluvia, o el dolor de cabeza. Últimamente me duele mucho la cabeza y sencillamente lo achaco, sin querer darle más importancia, a los nervios.

Debería estar acostado, intentando dormir, porque a la mañana siguiente debería despertarme temprano: pero en lugar de eso, tengo esos folios entre las manos y los estoy leyendo. Hay algo, entre sus líneas, que me tiene capturado, como un niño mirando colorformas a través de un caleidoscopio. También sé cuál es el final, pero eso no hace que concluya la lectura, sino que devoro cada una de las palabras impresas. Es como una enorme bola de nieve que sé que no podré parar; me revuelve algo en mi interior y me recuerda algo que no soy capaz de vislumbrar con claridad.

Cierro la última página: el libro se llama Juan Salvador Gaviota y estoy abrumado. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que una lectura me impresionó tanto.

Sonrío, y me echo a llorar como si me hubieran roto el corazón.

Autolesión

El fenómeno no es nuevo, pero es desconocido debido a que quienes lo sufren sulen ocultarlo meticulosamente. Catherine McLoughlin, directora de Truth Hurts, afirma que, actualmente, se sabe tanto de la autolesión como de la anorexia hace veinte años. Y cada vez que se investiga más, parece que el fenómeno está más extendido de lo que se pensaba: las cifras no dejas de aumentar. Hasta el 10% de adolescentes y jóvenes se dejan llevar por este patrón de comportamiento destructivo, y hasta donde se sabe, el concepto de que es un método de llamar la atención o que sus víctimas son suicidas frustrados es profundamente erróneo en el comportamiento autoagresivo (que incluye en un alto número de casos, por ejemplo, el tratar de ocultar las heridas).

Para Linda Dunion, “la autolesión es una señal de dolor emocional y muchos de los que lo hacen lo describen como una forma de estar vivos”. Dañarse a uno mismo es una manera de vérselas con emociones muy intensas, una salida desesperada que, a algunas personas, les proporciona el alivio la mayoría suele encontrar en el llanto, o quizá al gritar. Pero tal vez estas personas han llorado (o gritado) tanto que ya no les proporciona ningún alivio. Algunas personas que se autolesionan se sienten tan enfadadas y agresivas que no pueden controlar sus emociones: tienen miedo de llegar a lastimar a alguien, así que vuelven su agresión hacia sí mismas buscando liberarse de la rabia que les invade, sin necesidad de causar daño a los demás.

No todos los autolesionadores se dedican a pasarse las noches cortándose las muñecas, aunque los cortes en los brazos suelen ser una de las prácticas más habituales. Sin embargo, un autolesionador también puede quemarse, morderse, golpearse a sí mismo o a objetos, pellizcarse, arrancarse piel, clavarse agujas y en general, cualquier práctica que a través del dolor le proporcione una salida a su ansiedad y una sensación de control, que normalmente no poseen. La gravedad de las heridas tampoco tiene relación con la profundidad de la angustia: una persona autolesionadora no está más desesperada porque se haga heridas más profundas o se inflija lesiones más graves.

Tampoco empieza con una flamante exhibición de cardenales, gritos y cicatrices. Muchas veces, empieza con un imple puñetazo a una pared o patada a una puerta, y en muchos casos nunca pasa de ahí: en otras, aparecen llaves, cristales o cuchillas y sin la ayuda adecuada, puede acabar en instintos suicidas y es un problema que afecta por igual a ambos sexos. Sin embargo, las mujeres son más propensas a padecerlo entre los 14 y los 19 años, y los hombres entre los 20 y los 24, aunque existen casos que autolesionadores que se iniciaron a los 12 o incluso a los 7 años.

Es una epidemia silenciosa cuyo origen no está claro: desde la adicción a las endorfinas, a traumas de infancia o adolescencia, psicólogos y psiquiatras de todo el mundo batallan y discuten en aras de averiguar más cosas acerca de esta patología. Sin embargo, un dato constante: para todos los afectados, dañarse, el dolor, es la única salida y nada más consigue que su vida tenga sentido.

Lo que lo convierte en un problema especialmente preocupante.

La canción del mes: Pesadilla en el parque de atracciones - Los Planetas

Pesadilla en el parque de atracciones

Quiero que sepas que ya me esperaba
que esto ocurriera y que no pasa nada,
que sólo me da la razón y que he estado aprendiendo
de cada momento que he estado contigo,
y pienso aplicar contra mis enemigos
tus tácticas sucias de acoso y derribo,
que también he sacado algo bueno
de todo este enredo,
y quiero que sepas
que espero que acabes colgando de un pino,
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno estando contigo
que el Infierno es lo mas parecido,
te pareces un poco a Satán.

Quiero que sepas que me he acostumbrado
a tus putas escenas de "ahora me largo"
Lárgate ya de verdad que sería una suerte
si no vuelvo a verte en los próximos años,
por mí que podrías tirarte de un tajo
que ya lo que hagas me trae sin cuidado.
Si me pongo a pensarlo un momento prefiero, prefiero...
Así que ya sabes que espero que acabes pegándote un tiro,
cuando veas lo imbécil que has sido,
Cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas que ha sido un infierno estando contigo,
que por poco acabas conmigo
pero soy difícil de matar.
Y que quiero que sepas que ha sido un infierno estando contigo,
que el Infierno no es tanto castigo,
te pareces bastante a Satán.



Dedicado a toda la gente que tendría que escuchar más a Los Planetas. Por no dar nombres.