Autumn Castle

Autumn Castle

viernes, 5 de octubre de 2007

21 and yet not dead

5 de Octubre, tocan 21 años nada menos. ¡Cómo pasa el tiempo! Así que hoy toca dedicarme éste post, porque yo lo valgo :P y agradeceros a los que os habéis acordado de mí vuestras palabras y compañía en los que estáis más cerca.

Así que muchas gracias: a Revy, a Mery, a Débora, a Andrea, a Esmar, Manuel, David, Meowthy, Berni, Óscar, Guille, Snorlax, Rina, Josu, Laura, a mi familia, y al resto: no estáis todos los que sois, pero sois todos los que estáis.

Por muchos años, y que los veamos.

Retratos: La Reina del Hielo

O mi queridísima Mery.

Este post va para ti, y sólo para ti. Porque creo, que va siendo hora de que te diga lo estupenda que eres y todo lo bien que me caes, porque sé que últimamente apenas coincidimos y echo de menos hablar contigo, y porque me hizo mucha ilusión que hace unas semanas me dijeras que me llamabas sólo porque tenías ganas de hablar contigo. Y es que, pequeña rubia, te haces querer muchísimo.

También lo escribo porque aunque muchas veces no digo nada, sigo y leo tu blog con atención. Y por hacer homenaje a aquella charla que tuvimos una tarde (¿recuerdas?), donde llegados a la conclusión que a veces era bueno tener una persona que te esté diciendo todo lo que te hace especial y todo lo que le gusta de ti. Porque esos silencios donde no dices nada responden las preguntas que yo no formulo, por que sé que me vas a decir un bien tímido, y yo estoy muy lejos para darte los abrazos, que en lugar de las preguntas, se deben ofrecer en esos momentos. Para decirte, en fin, que es un placer haber coincidido contigo, haberte conocido y haber mantenido todas y cada una de las charlas que hemos tenido. Que tienes una sonrisa preciosa (creo que nunca te lo había dicho, ¿verdad?) y que eres una de esas personas que tiene un don para sacarme una sonrisa por muy nuboso que haya amanecido. Que muchas gracias por acordarte de mi cumpleaños y que sepas que tienes una alegría contagiosa.

Y aunque por desgracia, Madrid no haya podido ser en las fechas que planeaba (siempre ocurre lo inesperado, dijo Disraeli), te prometo que este año, sea como sea, nos vamos a tomar ese helado de chocolate, en Madrid, en Barcelona, o en los dos sitios. Yo seré como el Otoño, pero tú eres como el verano: cálida y agradable.

(Siempre conozco a las mejores personas de las formas diferentes).

Máscaras, Trolls y Sirocos

Es algo asombroso ver cómo la gente se enerva en cuanto dispone de la supuesta invulnerabilidad del anonimato, escudado tras una máscara sin nombre ni historia. Cuando crees que no pueden herirte, es muy sencillo aumentar los humos, el orgullo, sentirse invulnerable. Es un arma afilada y poderosa que parece capaz de herir a cualquier persona, penetrar en su intimidad y acertar de forma certeza en el aquél donde más duele. Es una de las maravillas de Internet, verdadera fábrica de máscaras y antifaces para la farándula más abyecta, para dar rienda suelta a lo que nunca dirías a la cara y enfrentándote a la mirada (o a los puños) de quien tienes delante.

La fauna de Internet es variada, debido precisamente a la capacidad en que uno, una persona, cualquier persona, puede crearse un refugio, una identidad, una máscara al gusto y medida tan alejada o cercana como desee de la realidad (Second Live es una perfecta prueba de ello); entre los diversos especimenes tenemos a los adictos a la red, o a los hoygan, por poner dos ejemplos, aunque un producto llamativo de la capacidad ¿evolutiva? de la red son los trolls. Un troll, básicamente, es una persona que busca intencionadamente interrumpir las discusiones en Internet (por ejemplo en foros, o en blogs) o enfadar a sus participantes o usuarios, para lo que suele usar mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema con la intención de provocar la reacción de los demás. La palabra también se usa para describir dichos mensajes.

No obstante, habitualmente el troll no conoce a su víctima o víctimas, le importa un bledo de qué se esté hablando o discutiendo y en general sus respuestas ni siquiera guardan un patrón de relación con el tema tratado en el espacio en el que se dispone a rebuznar: habitualmente. Como mis lectores pudieron ver en la entrada correspondiente al 2 de Julio de 2007, “la canción del mes…”, una tribu entera de trolls dejó sus simpáticos halagos hacia mi persona y mi situación personal que llegaron hasta una desaforada pasión que evidentemente, dejaba patente que además de conocerme, sus bocas escupían más veneno que saliva. Odios aparte, es un tanto lamentable que existan personas así, desde luego, y no puedo imaginarme quién se aburre tanto como para dedicarse a eso con esa rabia desesperada. Y sí, desde luego, ser un troll es un síntoma de inseguridad, de bajeza, de idiotez absoluta y profunda. Pero ser un troll por sentirse realizado debería ser, en definitiva, un motivo de lástima y una marca de atención para sentir compasión por quiénes se esconden tras una postura tan facilona.

Pero quien es un troll por miedo (porque, amigos míos, quién ataca de forma personal al estilo troloide, sin atreverse a mostrar su identidad, pero dejando patente su relación con la víctima, es un auténtico cobarde), es sencillamente una lacra, un cáncer, una persona dotada de una ruindad cainita que me hace vomitar, que lejos de dar lástima, solamente hacen removerse a Darwin en su tumba. ¿Tantos millones de años de evolución para llegar a esto…?