Como a mi admirado Pérez-Reverte, digo citando uno de sus mejores artículos, a mí también me gustaría ser francés a veces. Simplemente hay que echar una breve ojeada a los textos de los Estatutos Gallego y Catalán, a los titulares de los periódicos, un par de declaraciones de Carod-Rovira e Ibarretxe y haber atendido, aunque sea mínimamente, a cualquiera de los últimos debates sobre el Estado de la Nación: en España no nos gusta la democracia y no sabemos, ni queremos, entender nada acerca de la auténtica democracia. Nuestra clase política, salvo escasas, escasísimas excepciones, es infame, deleznable, habiendo convertido España en un bebedero de patos, la política en un comedero de cerdos donde se ceban los gorrinos que se benefician de la desastrosa política que impera en las tierras ibéricas.
En España es imposible avanzar mientras se mantenga esta política en boga. Aquí, donde con idéntico entusiasmo le damos a la puñalada trapera, a la mentira, al desaire, a la venganza y al café con leche, sólo podemos estancarnos en nuestra propia inmundicia, o retroceder al oscurantismo. Sólo en España podríamos asistir pasmados al fenómeno de múltiples partidos nacionalistas coexistiendo en un mismo territorio acotado, existiendo partidos independistas de izquierdas, de derechas, de centro-derecha y de cero a la izquierda (¿se imaginan que obtuvieran la ansiada independencia de su territorio?), partidos nacionalistas que se presentan a elecciones generales ¡del Estado Español!, y demás estropicios políticos dignos de una novela bizantina.
No me voy a meter acerca de la ruptura de las españas, que si acabaremos estudiando en los Institutos Historia de los Pueblos Libres e Independientes de la Península Ibérica, que si personajes como Henry Kamen se pasan por la parte donde la espalda pierde su nombre la historia desde Indíbil a Adolfo Suárez. Pero asisto asombrado a un espectáculo donde un mohoso fantasma llamado Francisco Franco, que ya lleva sus años en la tumba, se remueve y sigue causando muertes, desaires, enfrentamientos, donde hay quien añora una república que fue una coalición de absurdos con los socialistas, los anarquistas y los comunistas haciendo cóctel y donde alguien que cobra sus buenos dos mil quinientos euros mensuales se declara abiertamente nacionalista anarco-comunista (¿?). Aquí ya no se decide por España, ni por los españoles. Decidimos por Cataluña, por Valencia, Navarra, Galicia, Asturias, León, Extremadura, Andalucía y ¡hasta por Taknara!, llevando la fórmula del ¿a dónde vas? – patatas traigo a su máximo exponente, con el PP gritando Santiago y Cierra España, el PSOE empeñado en espolear una cruzada antifascista mientras ellos mismos parecen una jaula de grillos, y partidos de toda suerte y dudosa legalidad (ejem) asisten asombrado a la Edad de Oro de la Política Española, donde Toda Gilipollez Es Posible y donde toda teoría descabellada, como la de la duramente oprimida Cataluña o la de, no se la pierdan, el Holocausto Gallego, puede tener lugar. En algo sí que los Españoles nos superamos: en poder tener doscientas cuarenta y siete opiniones distintas según la hora y el lugar, en ser rápidos en llamar fascista o rojo de mierda, en apuñalarnos y escupir en la herida. Por eso, como Reverte, yo también quisiera ser francés en esas ocasiones en las que veo a cincuenta tiñalpas quemando banderas de España, a los Obispos preguntando que qué tajada sacan ellos, el Gobierno y la Oposición mentando la virtud de las legítimas de sus adversarios y ciscándose en los muertos respectivos (que son exactamente los del otro bando), étc.
Pasen y vean: esto es España, asociación de amigos a distancia.
Mírame, pero no me toques.
Autumn Castle
jueves, 18 de octubre de 2007
Francia
De la Pluma de
La Maladie de la Raison
en
15:06
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Etiquetas: Esto es España, Nazionalismos, Social
viernes, 22 de junio de 2007
Era un partido y no un mitin, soplapollas
Como algunos de ustedes sabrán, ayer se celebró en el "Paco Paz" el partido entre la selección gallega y la selección cubana. A mí me invitaron al partido, y la verdad es que tenía ganas. Así que fui, me senté y disfruté con el buen juego de los cubanos, que dieron espectáculo, buen juego y risas desde el comienzo -con sus motes como "Dinámico" y "Atómico"-, para compensar que la selección gallega estaba descordinada, desganada y que jugó como el culo y el aburrimiento de gran parte de la selección. Hasta ahí, todo normal, de no ser porque en el segundo cuarto me fui al otro extremo del estadio, porque a mi lado había una jartá de elementos nazionalistas, con la bandera símbolo de la independencia gallega, coreando consignas que tenían que ver de todo, menos con el partido.
Me alegraría decir que ganó Cuba para darles en la nariz a estos merluzos, pero no lo haré, aunque la selección cubana ganó con justicia. No lo haré, porque a estos imbéciles no les importaba nada el partido, ni el resultado. Solamente coreaban a la selección gallega para tener una excusa con la que gritar "Galiza, Galiza", ya que ni atendían al partido, ni al marcador, ni animaban cuando todo el estado se levantaba para darle ánimos a nuestro equipo.
¿A qué fueron entonces estos nazionalistas? Pues a corear frases como "unha nazón, unha selezón" ('una nación, una selección'), "Galiza ceibe" ('Galicia libre') o la siempre presente "Puta España" (que no sé a coño de qué venía en el partido). Lo que demuestra que a estos proyectos de personas sólo acudían para llamar la atención acerca de sus estúpidas pretensiones pueriles y sus sueños de una Galicia independiente (La verdad, ¿qué clase de país intentar crear?). En el descanso, empezaron con los coros de "Espanhol el que non vote" ('Español el que no vote'), frase a la que que aún estoy intentando encontrar la lógica.
Cuando yo ya pensé que lo había visto todo, empezaron a corear una gran frase, desplegando imágenes del Ché (que siempre queda bien el rollo éste del guerrillero por la libertad, pero yo me pregunto si alguno de estos tiñalpas se habrá leído la biografía del cholo este): "Cuba sí, yankees no"; por supuesto, ante la falta de imaginación de estos imbéciles, tenían que cargar contra Estados Unidos y contra España. No sea que los cubanos se ofendan. O sea. Claro, que con todo este rollo de la puta España no se si se dan cuenta que sus institutos los paga el Estado Español, que la seguridad social está subvencionada por el Estado Español y que si ayer no les pusieron una bomba, a ellos y al grupito de Red Skins (yo el rollo este de skins comunistas, no lo acabo de pillar, la verdad...) que pululaba por las gradas fue gracias a la policía pagada por el Estado Español. Pedazos de mierda.
Mención aparte merecía el maromo, que pululando por las gradas cada diez minutos, con la sola compañía de una cerveza (una distinta cada vez) se ponía a gritar a los nacionalistas "Ga-li-za, Ga-li-za" para que le corearan (a veces hasta lo hacían): joder, chaval, búscate un amigo. En serio.
De la Pluma de
La Maladie de la Raison
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15:20
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Etiquetas: Estupidez humana, Nazionalismos, Ourense is different


