Autumn Castle

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viernes, 1 de agosto de 2008

Papel y tinta

Son sólo diecinueve folios impresos en negro, con letra grande y largas líneas. Leerlo me lleva un cuarto de hora, quizás menos. Hace tiempo que lo tengo pendiente de lectura, pero no lo había empezado hasta hoy. No ha sido un buen día, y no puedo evitar pensar que los siguientes no serán mejores. Puede que sea la lluvia, o el dolor de cabeza. Últimamente me duele mucho la cabeza y sencillamente lo achaco, sin querer darle más importancia, a los nervios.

Debería estar acostado, intentando dormir, porque a la mañana siguiente debería despertarme temprano: pero en lugar de eso, tengo esos folios entre las manos y los estoy leyendo. Hay algo, entre sus líneas, que me tiene capturado, como un niño mirando colorformas a través de un caleidoscopio. También sé cuál es el final, pero eso no hace que concluya la lectura, sino que devoro cada una de las palabras impresas. Es como una enorme bola de nieve que sé que no podré parar; me revuelve algo en mi interior y me recuerda algo que no soy capaz de vislumbrar con claridad.

Cierro la última página: el libro se llama Juan Salvador Gaviota y estoy abrumado. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que una lectura me impresionó tanto.

Sonrío, y me echo a llorar como si me hubieran roto el corazón.

jueves, 12 de junio de 2008

De madrugada, al no poder dormir...

... no sé porqué cliqué encima de esas cuatro palabras, no esperaba encontrarme nada nuevo. Pero algo me dijo que lo hiciera, y así fue, y leí tus palabras, y sin saber porqué… no, mejor dicho, sabiendo exactamente por qué me encontré sintiéndome mal y dándole vueltas a la cabeza. Me imagino lo mal que te debes sentir para que decidieras escribirlo en tu blog, y yo me encuentro aquí, como si quisiera justificarme diciendo que no pregunté nada porque pensé que la habías encontrado. Ni se me pasó por la cabeza que no fuera así. ¡Eres tan callada a veces…!

Claro que lo siento: también se ganó mi simpatía. De hecho, ha sido probablemente la que más, salvo Clío - mi adorada Clío, que nunca ha roto un plato y que cuando me ve corre a restregarse contra mí y a mirarme con esos ojos infinitos que tiene, jugando a esconderse de mis manos entre mis piernas - y por eso tampoco sé muy bien qué decir. Como todo lo que desaparece alguna vez, es más honda la desesperación nacida de la duda (¿dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo?) que el dolor de la propia ausencia.

Pero yo espero que esté bien, no tiene porqué no ser así. Y si no fuera así, espero sinceramente que lo sepas cuanto antes; a la larga, por muy brutal que sea, será mucho mejor que simplemente terminar dejando que todo se diluya en un agrio “¿qué ocurrió aquella tarde cuando…?”

Espero que esté bien, repito. Y quisiera que mañana cuando nos encontráramos, me dieras un beso y me dijeras con una sonrisa, con esa sonrisa que a veces te brilla en la cara: la he encontrado.

sábado, 5 de abril de 2008

El Credo del Samurai

El Credo del Samurai

No tengo padres;
hago del Cielo y la Tierra mis padres.
No tengo hogar;
hago de mi espíritu mi hogar.
No tengo fuerza;
hago del honor mi fuerza.
No tengo poder divino;
hago de la honestidad mi poder divino.
No tengo recursos;
hago de la humildad mi recurso.
No tengo el poder mágico;
hago de mi fortaleza de ánimo mi poder mágico.
No tengo vida ni muerte;
hago del Absoluto mi vida y mi muerte.
No tengo cuerpo;
hago del valor mi cuerpo.
No tengo ojos;
hago del relámpago mis ojos.
No tengo oídos;
hago de la sensibilidad mis oídos.
No tengo miembros;
hago de la rapidez mis miembros.
No tengo ley;
hago de la autodefensa mi ley.
No tengo designios;
hago de la oportunidad mi designio.
No tengo estrategia;
hago de mi sakkatsu-jizai* mi estrategia.
No puedo hacer milagros;
hago de mi doctrina mi milagro.
No tengo principios;
hago de la adaptabilidad mi principio.
No tengo talento;
hago de la astucia mi talento.
No tengo táctica;
hago del Vacío mi táctica.
No tengo amigo;
hago de mi mente mi amiga.
No tengo enemigo;
hago del descuido mi enemigo.
No tengo armadura;
hago de la benevolencia y la rectitud mi armadura.
No tengo castillo;
hago de la imperturbabilidad mi castillo.
No tengo espada;
hago de mi “no mente” mi espada.


La expresión japonesa sakkatsu-jizai es, realmente, intraducible al castellano, aunque podríamos decir que significa ‘poder para quitar o perdonar la vida’.


Muy popular en muchas páginas de Internet (actualmente está en muchas páginas sobre Kendo, Karate, Aikido...), se supone que éste Credo está obtenido de la traducción de un poema del siglo XVII (algunas fuentes citan el siglo XIV oel XVI) escrito por un samurai anónimo, la verdad es que las versiones difieren unas de otras en algunos puntos, y en su número total.

Independientemente de la fuente, o de la veracidad de ésta, incluso poniendo en duda que realmente fuera escrito por un samurai, o incluso en Japón, lo he considerado lo bastante interesante como para publicarlo aquí, traduciendo al castellano algunas expresiones japonesas con la mayor exactitud que he podido.

martes, 25 de diciembre de 2007

Pesadilla recurrente

Hay personas que tienen sueños o pesadillas que se repiten cada cierto tiempo, en ocasiones varias veces en la misma noche, y que parecen perseguirlos. La psicología aún no ha conseguido explicar muy bien qué los causa ni sus significados, pero ahí están en nosotros, dormitando en nuestra mente, y esperando un momento adecuado para reaparecer. En sí, sueños y pesadillas recurrentes no parecen tener mucha razón de existencia, y en ocasiones, se pueden convertir en un auténtico incordio.

También existe la posibilidad de que la vida, de natural alegre, decida poner algo de sal en nuestras insulsas vidas y en lugar de con un sueño, lo que convierte en recurrente es un recuerdo, una persona, o una sucesión de catastróficas desdichas, además de a Gran Hermano. Porque en ocasiones parece que regresas una y otra vez al punto de partida. Porque te encuentras de nuevo dando un paso atrás. Porque te quedas con cara de triángulo (escaleno) mirando hacia el tipo del espejo y diciéndote “¿otra vez?”

Porque no eres capaz de ser tú quien mandes ese trozo de ti al diablo. Y aquí estoy yo, encontrándome, de forma recurrente, con las mismas preguntas, una y otra vez. ¿Ustedes lo entienden?

Yo tampoco.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Distancias relativas

Distancia: f. Espacio o periodo de tiempo que media entre dos cosas o sucesos.


Existe la idea preconcebida de que la distancia (la espacial) es relativa cuando hablas de sentimientos humanos. Es una idea bastante romántica, ésa de fingir que el alejamiento físico no importa y no tiene relevancia en una relación personal, por ejemplo, entre dos buenos amigos. Reducir la conservación del cariño a la distancia personal, a la emocional, es no querer ver la vedad de las cosas. La distancia física es capaz de acabar con cualquier lazo tendido con anterioridad con una eficacia de bisturí.

Conste que hablo de la situación en que tras una proximidad de meses o años de repente surge una distancia física difícilmente salvable, no el caso de una distancia insalvable que finalmente termina con una proximidad física en color rosa. Por cierto, la proximidad también tiene nombre de escalpelo, pero de eso hablaremos otro día.

Estoy seguro de que muchos considerarán que estoy errado en lo que digo. Pensarán (yo también lo pensaba cuando era más joven) que los sueños no siempre son sólo sueños, que la verdadera amistad nunca desaparece, que con un poco de esfuerzo de las dos partes las relaciones entre dos buenos amigos no se verán enfriadas.

Y los pajaritos dicen pío.

Mi experiencia personal me viene a decir más o menos lo contrario. Supongo que incluso dando un paso más podría atreverme a formular una teoría, estilo la velocidad a la que una amistad se desagrada es directamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa e inversamente proporcional a las horas pasadas en compañía de la otra persona. A más queso, menos queso.

En realidad la cosa no es tan simple, por supuesto. Hace más de cuatro años que no veo a Rina a la sombra de los soportales y sigue siendo lo más parecido que tengo a una hermana adoptada (¿o seré yo el adoptado?), pero supongo que cuando la relación tiene fecha de caducidad (intercambio escolar, por ejemplo) las cosas se toman de otra forma. Pero lo cierto es con la distancia que las relaciones se degradan: algunas tardan más, y otras tardan menos. Pero llega un momento en que la otra persona, haya sido tu pareja, tu mejor amigo o tu amiga especial empieza a convertirse en un extraño al que no estás seguro de conocer. Y cuando te das cuenta de eso comprendes a esa gente que sólo se acuerda de los amigos mandándole un sms dos días después de Nochevieja para felicitar el Año Nuevo con alguno de esos mensajes que se envían en grupo.

Que me lo digan a mí.

viernes, 5 de octubre de 2007

Retratos: La Reina del Hielo

O mi queridísima Mery.

Este post va para ti, y sólo para ti. Porque creo, que va siendo hora de que te diga lo estupenda que eres y todo lo bien que me caes, porque sé que últimamente apenas coincidimos y echo de menos hablar contigo, y porque me hizo mucha ilusión que hace unas semanas me dijeras que me llamabas sólo porque tenías ganas de hablar contigo. Y es que, pequeña rubia, te haces querer muchísimo.

También lo escribo porque aunque muchas veces no digo nada, sigo y leo tu blog con atención. Y por hacer homenaje a aquella charla que tuvimos una tarde (¿recuerdas?), donde llegados a la conclusión que a veces era bueno tener una persona que te esté diciendo todo lo que te hace especial y todo lo que le gusta de ti. Porque esos silencios donde no dices nada responden las preguntas que yo no formulo, por que sé que me vas a decir un bien tímido, y yo estoy muy lejos para darte los abrazos, que en lugar de las preguntas, se deben ofrecer en esos momentos. Para decirte, en fin, que es un placer haber coincidido contigo, haberte conocido y haber mantenido todas y cada una de las charlas que hemos tenido. Que tienes una sonrisa preciosa (creo que nunca te lo había dicho, ¿verdad?) y que eres una de esas personas que tiene un don para sacarme una sonrisa por muy nuboso que haya amanecido. Que muchas gracias por acordarte de mi cumpleaños y que sepas que tienes una alegría contagiosa.

Y aunque por desgracia, Madrid no haya podido ser en las fechas que planeaba (siempre ocurre lo inesperado, dijo Disraeli), te prometo que este año, sea como sea, nos vamos a tomar ese helado de chocolate, en Madrid, en Barcelona, o en los dos sitios. Yo seré como el Otoño, pero tú eres como el verano: cálida y agradable.

(Siempre conozco a las mejores personas de las formas diferentes).

lunes, 21 de mayo de 2007

Time Over

“El futuro pasa siempre por coger entre los dientes cada día y apretar hasta romperlo para sacar lo que hay dentro puro tuétano de vida.” - Revólver

Ya he dado el primer paso para intentar salir (y espero que esta vez sea la buena, de una vez por todas) del inmundo pozo en el que me arrojé hace cinco años (como pasa el tiempo, cómo cojones pasa tan rápido y se hace tan lento), pero tampoco puedo decir cuántas esperanzas me doy a mí mismo, tampoco quiero decirlo, prefiero no arriesgar y esperar. Y ahora que estoy escuchando música apropiada para desahogarme (una selección de canciones de Día de Furia, cortesía del Doctor Alemán. Y sólo voy a decir que escuchéis El Año del Dragón pero ya) veo mañana - el día clave - con más tranquilidad y ahora sí, ocurra lo que ocurra, ¿y qué?

Porque poco a poco, te vas dando cuenta de que no tienes que rendir cuentas a nadie más que a ti mismo, que tú y no los demás son el juez supremo y definitivo sobre tu vida y que tu libertad – tu propia libertad, la tuya, tu refugio, su capacidad de decisión, tu derecho a equivocarte y a caerte y a levantarte- es lo más importante que tienes. Que el tiempo es relativo, y que aunque todos hemos sido (o somos, o seremos) prisioneros del tiempo, a veces es bueno levantarse, gritar y rebelarse contra el Tirano Supremo (sí, el Tiempo implacable que consume nuestras horas, que las hace avanzar, que impide que se detengan) y coger la vida (tu vida) por el cuello.

Al fin y al cabo, vida no hay más que una y que yo sepa, no dan más.

viernes, 18 de mayo de 2007

Yesterday, Today.

¡No puedo creer que estés muerto! Es una idea que no me acaba de entrar en la cabeza. Hoy he estado haciendo una especie de breve recordatorio de los dos últimos años: he leído viejas cartas, he revuelto en mi antiguo blog, he leído comentarios de mucha gente, visto mensajes de texto que aún tenía guardados - ahora ya no, Dios bendiga la opción de “Borrar todos” -, y final recorrido la telaraña hasta llegar al que fue tu refugio virtual, recuperado correos electrónicos. ¡Parece imposible que estés muerto! ¡Aún me estás hablando! Paso mis ojos por los comentarios que dejaste en la Maladie de la Raison, y tengo la impresión de que se están escribiendo, letra a letra, delante de mis ojos, en éste mismo instante. Y tengo una duda, una pregunta, una cuestión, una idea. ¿Cómo será ahora la Tierra de los Sueños Rotos? ¿Qué ha cambiado en la Ciudad del Frío?

Si pudieras responderme, ¡si pudieras! ¡si me escucharas! Pero, ¿puedes hacerlo? ¿puedes escuchar? ¿puedes leerme? Mientras escribo esto creo que en cualquier momento vas a dejarme un comentario, que vas a decirme algo, pero… ¡no puedes! ¡estás muerto!

Pero yo…

Yo no puedo creerlo.

Pasado imperfecto.

Ahora que ha pasado el tiempo deberías tener un poco de honradez y reconocer que tenía la razón. No quisiste creerlo cuando lo dije y no quisiste creerlo cuando ocurrió. No me escuchaste cuando te lo recordé, quisiste negarlo cuando todos lo sabían. Y mira, ¿cómo podrías decirme ahora que nunca iba a ocurrir? Lo quise escribir en metáfora y acerté de lleno: ninguno de los dos es ahora capaz de escuchar el aleteo de las alas del otro. Ahora que nuestros caminos se han separado. Ahora que el teléfono, Internet, las cartas no han conseguido que el sendero se volviera barro, ahora que, pasado el tiempo, sé que no puse broche al momento y no me arrepiento, ahora que casi prefiero que todo fuera frío y estéril como los suelos de un hospital, ahora que eres incapaz de negarme que hemos perdido todo, ahora que no marcas un número de teléfono, que no devuelves las llamadas, ahora que te nombro de pasada, ahora que ya no escucho esa canción, ahora que he dejado de leer a Bécquer. Ahora que ya no somos amigos.

Dime, ¿no te lo dije?